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¿Y las emociones?


Las emociones básicas no son opcionales, sino indispensables para sobrevivir, frecuentemente confundimos furia con cólera, inquietud con pánico y alegría con euforia. Vivir las emociones en el justo medio, en el momento preciso y con la duración adecuada, abre la puerta a desarrollar las habilidades que nos permitan establecer relaciones interpersonales funcionales, recordemos que no podemos experimentar más emociones que las que conocemos.

¿Qué nos mueve a tomar decisiones?

Las emociones juegan un papel fundamental al tomar cualquier decisión, son el principio de nuestras acciones al impulso a actuar, existiendo un sinfín de gradaciones desde la euforia hasta la depresión, y es claro que en ningún momento se nos enseña a administrar nuestro repertorio de emociones para enfrentar las circunstancias diarias de la vida y menos poderlas reconocer y expresar en palabras de manera funcional en nuestras relaciones, en vez de reducirlas a: «¿Cómo estás? Estresado. Fin».

¿Por qué tenemos un aprendizaje tan deficitario? ¿Qué distingue a la furia, cólera, fastidio y odio? ¿Es una diferencia de grado o son emociones diferentes? ¿Ansiedad, preocupación, inquietud, miedo y pánico? ¿Qué o ante qué amerita padecer una u otra? ¿Felicidad, alegría, alivio o euforia? ¿Cuándo, con quién y por qué? ¿Aceptación, admiración, simpatía o amor? En las organizaciones nos enfrentamos a la difícil tarea de encontrar caminos para promover e inhibir emociones que se salen de control.

¿Y quién nos puede enseñar estas emociones?

Quienes cuentan con un repertorio más rico son los artistas, desafortunadamente suelen ser las personas menos escuchadas.

Requerimos de identificar emociones disfuncionales donde podemos decir que las situaciones no nos destruyen, sino los que desayudan son nuestros pensamientos.

Mientras los pensamientos funcionales son los que nos ayudan a integrar equipos y a relacionarnos, tenemos que aprender a sentir las emociones para vivirlas en el momento preciso, en la medida adecuada y con la duración necesaria, lo que nos puede permitir vivir más satisfechos.

Habremos de abrirnos a sentir las emociones, reconocerlas y analizarlas para determinar el justo medio sin ser ciegos a ellas pues tarde o temprano, de alguna manera u otra se manifestarán en nuestro organismo.

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