Mi definición de comunidad.
Para mí cuando hablamos de comunidad me pareciera que tiene que ver con pensar en el otro. Y cuando digo pensar por el otro me refiero a ver a la otra persona como una parte de mí, es decir, tener la capacidad de ver sus necesidades, inquietudes, debilidades, fortalezas y comportamientos. Incluso me atrevería a ir más allá, es reconocer que tenemos una relación plenamente integral dónde nuestras acciones y pensamientos nos afectan mutuamente.
Si parto de esto, la comunidad para mí es un conjunto de personas con una relación muy cercana con una clara necesidad de permanecer juntos por un beneficio mutuo.
Para hacer ese beneficio mutuo real y tangible, es necesario que en una comunidad de trabajo exista la equidad y el consenso, para lograr y alcanzar resultados con bienestar y felicidad por lo que estamos haciendo como grupo, equipo, organización.
La globalización.
Es mi experiencia que algunas de las organizaciones de trabajo que se han extendido geográficamente, debido a las demandas de la globalización, de permanecer competitivas y en crecimiento, pierden este sentido de comunidad, del trabajo por un beneficio mutuo.
Me es grato ver que algunos líderes y organizaciones, algunos de manera consciente otros sin querer, se están encaminando a regresar a crear comunidades de trabajo con mayor equidad, dónde las decisiones y el foco, la línea que se sigue es que todos estén involucrados en el bienestar y el balance de vida de todos como equipo. Para poder acercarse a que la respuesta a la siguiente pregunta sea positiva: ¿Realmente soy feliz con lo que estoy haciendo?
La solución: formar comunidades locales.
Para mí esta es la solución a muchos dolores organizacionales, es formar, mantener y vivir comunidades de trabajo. Es formar pequeñas comunidades de trabajo basadas en la equidad, el consenso, el bienestar y la felicidad a lo largo de una organización. Es una solución sencilla y pequeña a nivel local, pero que repercute en toda la empresa.
Y es que la distancia, la velocidad, las demandas constantes, por atenderlas estas deshumanizan, afectan el bienestar y la salud. Ante una demanda y un cambio tan rápido una respuesta ha sido dar más atención, más preparación, más prestaciones. Sin embargo esté “más” no está llenando el ser de los colaborares y esto se ha traducido en un generalizado descontento en las tareas diarias. Mi invitación es regresar a reforzar el ser, un ser maduro, consciente, enfocado en vivir la equidad y crear consenso, para lograr con felicidad.
El primer paso a una comunidad de trabajo.
El primer paso para formar una comunidad de trabajo es establecer una cultura dónde se piensa y se ve por el otro, es empezar por la equidad, de vernos a todos como iguales, con un objetivo común, para en consenso y como iguales determinar las estrategias y acciones que nos llevarán al resultado que deseado.
Porque ha sido comprobado que el llegar a resultados pisando a alguien, aprovechándose, perdiendo equidad, consenso, escondiendo información, no comunicando, no viendo por el otro, tiene un costo muy alto y no es sostenible en el largo plazo.
Nuestra visión.
Establecer las bases para una comunidad de trabajo es uno de los objetivos de los espacios y procesos que creamos. Porque pensar en el otro se da también a partir de fortalecer la confianza y esta la generamos cuando se viven los siete pasos de nuestra metodología.
Algo que nos resulta es crear brevemente comunidades de trabajo con nuestros clientes, siempre viendo por ellos primero que ver por nosotros. Esta visión nos permite una y otra vez fortalecer los proyectos en los que ayudamos.
