
Un tema que persigue a mi mente constantemente es el de la competencia, ¿es favorable para la persona? ¿Para la organización? ¿Potencializa las capacidades? ¿Nos une o nos divide? ¿Ayuda a alcanzar el verdadero éxito o más bien minimiza el esfuerzo común?
Por lo mismo he parado antena para ir descifrando y llegando a una conclusión, y gracias al último grupo con el que trabajé puedo decir que me acerco un poco más a tenerlo claro. En primer lugar, como en todo, la competencia no es ni buena ni mala, sino más bien algo que a veces funciona y otras veces no funciona, dependiendo la persona, la organización y los objetivos de la empresa.
Ésta funcionalidad dependerá de los valores y cultura de la empresa, así como de los valores y cultura de la persona. Considero que para conocer ésta funcionalidad, nos hemos de basar en observar si el competir está siendo congruente con lo que se predica como organización, o no, y cómo manejar la competencia sin que ésta disminuya o devalúe los esfuerzos de los colaboradores.
Sinceramente yo en lo personal he estado en contra de inculcar la competencia en grupos de trabajo, puesto que he observado cómo ésta divide esfuerzos y desgasta a los colaboradores, más que impulsarlos a dar mejores resultados, sin embargo la última semana pude observar un grupo con altos niveles de competencia interna, que lejos de restar esfuerzos, los sumaba, la diferencia con los demás grupos es que éstos últimos competían hacia una mejora para la organización, en lugar de una mejora hacia sí mismos como personas.
Entonces de cierta forma ésta competencia se volvió una acción de cooperación de todos por el logro de los resultados. En el que me tocara trabajar con el que me tocara, me unía con él, sí compitiendo con los demás, pero sin caer en faltas de respeto, ni poniendo trabas para que el otro no lograra su trabajo, si no permitiendo que los demás igualmente se esforzaran lo mejor posible, y ahora sí que… “ganara el mejor”.
Los casos disfuncionales de la competencia es cuando se premia la actuación o desempeño de un colaborador impulsándolo a llevar a cabo acciones que puedan dañar o interferir el desempeño de los demás. Creo que lo que importa son las intenciones que se tiene al competir dentro de un equipo de trabajo, las cuales responderían a las preguntas “¿voy por mi logro?”, o “¿voy por el logro de la organización?”
Como conclusión, creo que lo importante es fomentar por encima de cualquier cosa la cooperación, y si la competencia se logra transformar en un acto de cooperación interna para el logro de un objetivo en común, entonces la apruebo, si es nada más para demostrar que soy mejor y recibir mayores prestaciones y perjudicar al otro… definitivamente no la apruebo, y habría que parar oreja con qué se está premiando organizacionalmente y qué no.
¿Qué hacer como líder? Reconocer a quienes comparten sus logros versus adueñarse de ellos, y a quienes pone su esfuerzo en servicio de los demás.
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